lunes, 22 de octubre de 2007
El árbol

Hay en la casa un Árbol
que no plantó la madre ni riegan los abuelos:
solo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.
Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafrán.
Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestidos de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.
Entonces el sabor de algún cielo perdido
desciende con el llanto de los recién nacidos.
Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,
sobre los techos llueven sus hojas invisibles,
y, horizontal, cruza las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendió la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.






En una tiera que amansa potros de cinco años


En una tierra que amansa potros de cinco años
el olor de tu piel hace llorar a los adolescentes.

Yo se que tu cielo es redondo y azul como los
huevos de perdiz.
y que tus mañanas tiemblan,
gotas pesadas en la flor del mundo.
Yo se cómo tu voz perfuma la barba de los vientos...

Por otros arroyos los días descienden como piraguas.
Tus ríos abren canales de música en la noche:
y la luna es un papagayo más entre bambúes
o un loto que rompe a picotazos la cigüeña.

En un país más casto que la desnudez del agua
los pájaros beben en la huella de tu pie desnudo...
Te levantarás antes de que amanezca
sin despertar a los niños y al alba que duerme todavía.
(El cazador de pumas dice que el sol brota de tu montero
y que calzas al día como a tus hermanitos).

Pisarás el maíz a la sombra de los ancianos
en cuyo pie se han dormido todas las danzas.
Sentados en el cráneo de buey
tus abuelos fuman la hoja seca de sus días:
Chisporrotea la sal de sus refranes
en el fuego creciente de la mañana.
(Junto al palenque los niños
han boleado un potrillo alazán...)

En una tierra impúber desnudarás tu canto
junto al arroyo de las tardes.
Tú sabes algún signo para pedir la lluvia
y has encontrado yerbas que te hacen soñar.

Pero no es hora, duermen
en tu pie los caminos.
Y danza el humo de mi pipa
donde las noches arden como tabacos negros.
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